Me costaba entender cuando Lector Constante me decía que podía pasarse una temporada larga releyendo libros. Pero después de una larga travesía en el desierto de lecturas inacabadas, decepciones apiladas, e incursiones en géneros ajenos como el cómic, me he descubierto sacando libros de cajas provisionales y suspirando de gusto. Aquel recuerdo de lo que disfruté leyéndolos, aunque no sea capaz de acordarme de ningún detalle de su argumento.
Siempre hay una ausencia, un fetiche, ese volúmen que dejas a alguien y se pierde en la cadena de préstamos sin vuelta. El Adversario, de Emmanuel Carrere, desapareció de mi estantería y de los fondos de catálogo de las librerías casi a la vez. No se reeditaba. Desesperada por recueperarlo, hoy descubro que está de nuevo disponible, creo que en una edición de bolsillo.
Cuando lo descubrí, a través de una recomendación en el blog de Rosa Montero, yo recordaba la historia de los periódicos y los telediarios, allá por los 90; un médico francés que había asesinado a su familia al ser descubierto su fraude monumental: ni era médico ni se dedicaba a lo que decía, y vivía de estafar a sus allegados (años más tarde se estrenarían varias películas basadas en el caso, sin pena ni gloria).
Inmediatamente la novela, que es una crónica de los hechos basada en las entrevistas que Carrere mantuvo con el protagonista desde la cárcel, me engulló y me fascinó. La exquisita manera de narrar las profundidades de esa doble vida suicida y desesperada, era además el descubrimiento de un escritor potente, arriesgado. Y por eso cuando publicó “Una novela rusa”, su siguiente trabajo años más tarde, me hice con ella sin pestañear. La novela no me decepcionó, y de nuevo a través de una historia que entrelaza lo real y lo ficticio, disfruté con la escritura robusta y enérgica de este francés algo desiquilibrado.
Hace poco me regalaron su último libro, “De vidas ajenas”, pero he tenido que dejarlo para mejores momentos. Ni rastro encontré de sus anteriores obras.
Pero ah!, han vuelto a editar El Adversario. Y eso merece un saltito y hasta una entrada en este blog olvidado. Porque voy a regalarlo estas navidades por doquier y porque voy a releerlo con el doble de fruición que la primera vez.

[...] Releer, releer [...]