Yo no conocía a Ritchie Valens, creo que nadie de mi generación, cuando aquel verano de 1986, al calor del revival de la musica de los 50 y los 60, apareció La Bamba, y arrasó.
En 1978 la espectacular Grease recuperó la estética rockabilly de los 50 y aquella música empezó a filtrarse entre las nuevas tendencias posmodernas de los años 80. Era un contraste de agradecer, que triunfó en los años siguientes a través de la publicidad, el cine y la música (películas como Dirty Dancing o las que recuperaron la guerra de Vietnam y toda su estética -legendaria BSO de Good Morning Vietnam-, y música como la de Los Rebeldes, Loquillo, o Tenesse).
La Bamba inauguró una serie de biopics sobre estrellas de la historia de la música que, por encima de su desigual calidad cinematográfica, nos acercaron a la vida y entresijos de aquellos ídolos, muchos de ellos de corto recorrido.
Lo interesante de estas películas, era ver a corta distancia la descripción del personaje, siempre con un lado oscuro, la agitada forma de vida, el ascenso de jóvenes humildes y modestos artistas a estrellas de la música, la manera en que esto les cambiaba…
Un año después de La Bamba, en 1988, se estrenó Bird, de Clint Eastwood, basada en la turbulenta y malograda vida de Charlie ‘Bird’ Parker (1920-1955), uno de los mayores genios del jazz de todos los tiempos. Se convirtió en película de culto alabada por la crítica, con un Forest Whitaker haciendo la interpretación de su vida. Una cinta con el sello personal de Eastwood, cuya complejidad y profundidad la distancia años luz del resto de biopics, que comparten un patrón más dirigido al entretenimiento.
En 1989 (un año de lo más prolífico en cine) todos nos lo pasamos en grande con Dennis Quaid interpretando al loco rizoso de Jerry Lee Lewis en Gran bola de fuego, la historia del “chico malo” de Louisiana, desde que se traslada a Memphis decidido a destronar al mismisimo Elvis. El escándalo de su matrimonio con su prima de 13 años (primeros pasos de una Wynona Rider que consiguió una nominación al Oscar) y sus incendiarios conciertos, llevaron a esta película al éxito de cartel y crítica.
Un tono diferente tuvo la respetada cinta de Oliver Stone The Doors, en 1991. Un tortusoso recorrido por la vida del malogrado cantante Jim Morrison y su legendaria banda de rock. La película, con un alto presupuesto y Val Kilmer y Meg Ryan en los papeles principales, exploró la excesiva época de drogas y pérdida de identidad vivida en los años 60 en EEUU, un tema recurrente y casi obsesivo en las películas de Stone de aquella época.
En 1993 una vibrante y emocionante Tina nos descubrió la secreta vida de Tina Turner desde sus inicios con su marido Ike, y el infierno de maltrato que vivió mientras su estrella artística ascendía. Un biopic muy musical con reproducciones fieles de actuaciones y grabaciones de grandes éxitos de la cantante, inimitable a pesar de los esfuerzos de una correcta Angela Basset. La película pasó fugazmente por la cartelera española, asi que si tienen oportunidad de rescartarla y verla no dejen de hacerlo.
En la última década el género no ha decaído:
En 2004 el actor Jamie Foxx recogía el Oscar por su impresionante interpretación de Ray Charles en Ray, la película que nos desveló la biografía de esa leyenda de la música americana que supo fundir en su arte una miríada de estilos musicales: el jazz, el rhythm & blues, el rock & roll, el gospel y el country. Ray Charles sintetiza la lucha del hombre negro americano, su dolor y su oscuridad personal en una longeva y multipremiada carrera en el negocio del espectáculo. La película describe el período más explosivo de su vida artística, que comienza cuando un joven negro ciego se sube solo a un autobús en Florida y cruza el país para buscar suerte en la floreciente escena jazzística de Seattle. Allí es descubierto por Atlantic Records y comienza su imparable ascenso hacia la fama, enredado en su problema de adicción a la droga y en sus tórridos líos amorosos.
En la cuerda floja (2005) obtuvo 5 nominaciones a los Oscar inluyendo mejor película, un Oscar a la mejor actriz, y 3 Globos de Oro a la mejor actriz, mejor actor y mejor película. Esta multipremiada cinta, biopic del gran cantante de música country Johnny Cash, es el vivo ejemplo, en contra de lo que muchos dicen, de que no es necesario ser fan incondicional del personaje para que te gusten los biopics. La interpretación de Joaquim Phoenix y de Reese Witherspoon, la historia de un joven músico de Arkansas en la era de la Gran Depresión, el incio de las salvajes giras con los pioneros del rock and roll, Elvis Presley, Carl Perkins, Roy Orbison, Jerry Lee Lewis y Waylon Jennings; son excusas más que sobradas para no pestañear delante de esta portentosa película, que culmina con el mítico concierto de Cash en 1968 en la Prisión de Folsom.
El año pasado, se estrenó en España, sin pena ni gloria, Cadillac Records (2009), sorprendente historia sobre la creación del sello Chess, y por ende del nacimiento y auge de las míticas figuras del blues en el Chicago de los 50, donde se pasean y conviven mitos como el guitarrista Muddy Waters, Little Walter, Chuck Berry o Etta James (resplandeciente Beyoncé). Al ver esta película tienes la sensación de estar contemplando a la gente que parió la música moderna. Gente salida en muchos casos, de la más absoluta miseria. Adrian Brody interpreta el papel del avispado judío (Leonard Chess) que supo aglutinar a músicos que forjaron con su sonido los cimientos del blues, country, rhythm and blues o rock and roll. Los géneros que luego harían populares estrellas como Elvis o los Rolling Stone (que tienen una breve aparición como fans de Muddy Waters). Una película con brillante tratamiento sonoro, una BSO imprescindible, y un compacto armazón dramático que sabe sacar los mejor a sus actores, todos ajustados y entregados, y al meritorio dibujo racial de una época difícil y discriminatoria.
Por el camino se quedan otras producciones menores, muchas ni siquiera estranadas en España, sobre otros tantos músicos de los años 40, 50 y 60. Tampoco se incluyen aquí las películas sobre la vida de grupos musicales ficticios, pero inspiradas en hechos reales, como la magistral The Commitments (1991), interpretada por músicos auténticos, o el fallido experimento de Tom Hanks con The Wonders (1996). En cualquier caso, para los amantes de la música, no hay biopic que debiéramos dejar pasar, siempre merecen la pena y alimentan la curiosidad.

Fantastico resumen de grandes musicales, un genero que mi, personalmente, me encanta. Las peliculas donde nos explican historias reales y mas si son de cantantes, es algo que desde pequeño siempre me ha gustado. Todas las peliculas mencionadas las he visto y algunas las compre para guardarlas junto a los cientos de cd y libros sobre la musica.
Me ha encantado leer y ver los videos de estas fantasticas peliculas… te felicito.
Saludos… Albert
¡Bravo Annie! Buena lista la escogida.
10 para Jamie Fox que está impresionante en Ray. De esa película me gustó descubrir el papel del saxofonista David Fathead Newman, que me encanta como músico.
Tienes razón con Bird. Clint es de los grandes grandes y eso se nota en la película. Hay que ver lo que se aprende en Almería.
Si miro el cine español me vienen a la cabeza todas esas películas de Joselito, Marisol, Rafael o Julio Iglesias que cuentan siempre la historia del artista que llega a la fama rodadas en los 60 y 70. ¡Qué diferencia!
Con tanto ritmo me vienen a la cabeza otras películas (fuera del biopic) como Hair, Fiebre del sábado noche, Grease o El Último Vals (esta última, mi gran favorita y película musical de cabecera).
Saludos
Por cierto, hace un par de años se rodó un biopic de Bob Dylan con cinco actores haciendo el papel de Bob en los diferentes momentos de su vida (¡y uno de ellos era Cate Blanchet!). Al final el estreno en España se fue aplazando y creo que finalmente suspendido. El título es “I’m not there”.
¿Alguien sabe qué pasó con esta película?