Oct 18
Ayer tuve una visión, te distinguí en un roble enrojecido por el otoño, húmedo y vivo.
Igual que una aparición, me envolvías en esos brazos largos y ásperos como ramas de árbol. Apenas había luz en tu cavernosa corteza, pero no pude resistirme a esas laberínticas raíces y me pegué a tí como un líquen. La simbiosis no resultó, acaso puede un alto tronco detenerse en tan minúsculo y frágil huésped. Así que volví al sol huidizo de octubre, bajando la Cuesta de las Promesas y arrastrando con fastidio los Guijarros de la Decepción.
Valle de Pineta, Huesca, octubre 2009.
(más fotos de esta serie en Flickr)


No sé si escribes mejor que hacer fotos o haces fotos mejor que escribes, pero las dos cosas las haces muy bien.